sábado, 24 de septiembre de 2011

Sólo me ronda una pregunta por la cabeza, ¿por qué?
¿Por qué si pierdo mi tiempo, la noche, mi risa, mi alma, contigo,
no me puedo fiar de ti, no sé quién eres,
quién se encuentra al otro lado del espejo?
¿Qué sucederá en quince días? ¿Seguirás vivo, o estarás ya muerto para mí,
ahogado en el vacío verde,
escondido de nuevo entre la gente,
volviendo a mi memoria como algo absurdo,
ahogado, muerto, en el olvido forzoso?

¿Es esto la ley de la jungla? ¿Uno de los dos tiene que ser el pez grande,
el que se come al pequeño?
¿Nada nos iguala? ¿Ni la muerte,
ni la lluvia que cae sobre nosotros
como chispas frente a la luz de las farolas, de los faros de los coches?
Y si somos unos traidores, unos rastreros,
unos ladrones,
si somos tan egoístas, tan fríos, tan químicos,
si tan sólo soy un animal solitario,
¿por qué estas arrancando una parte de mí?

No hay comentarios:

Publicar un comentario